Asumiendo que he caído.
La gente no lo cree, pero yo no soy un luchador. Me he dejado mecer por las palabras de tus labios y ahora las necesito. No me considero enamorado porqué sé que no eres la definitiva y eso ya lo hablé hace mucho tiempo... incluso más atrás de saber quién existía y para qué.
"Enamórate de la mujer"
Estricto consejo el que un día mi colega me dictó.
Tranquila mujer, solo son palabras de un borracho que un día apareció en tu vida. Me expulsarás como a todos los demás porque nadie es perfecto pero quiero disfrutar con ella el tiempo que pueda.
A veces noto la música.
A veces no.
Pero se que si hay que llorar se llora. No me importa, ya puedo llorar sin sangrar por la nariz... realmente no lo se, pero creo que ya estoy recuperado de mi nariz.
De vez en cuando le guiñé un ojo a otra, porque no tenia ni idea de nada. Un auténtico payaso. Un inculto. Todos hablaban pero yo no sabía de qué.
Ahora estoy aprendiendo y sigo sin hablar, porque a veces sobran las palabras. Alguna pensará que estoy enamorado, o que he cambiado, que he dado la vuelta de 180º pero lo siento, solo he dejado de ser un tonto y estas no son palabras de amor, como ves, siempre mi mismo fallo. Mi egocentrismo.
Voy a tocar en el piano de tus costillas sin hacerte cosquillas mi mejor pieza "Jardín imaginario", allí mi pez respira el aire puro que desprende el bello césped de tu esbeltez.
Cada vez sabiendo más lo que quiero, aunque lo que quiero lejos está y paciencia requiere. Pero es lo que quiero...
El tiempo hace lo que queremos demasiado corto y las heridas demasiado largas. El tiempo derribó recuerdos como montañas y trajo penurias y días de angustia. El tiempo hace las heridas y las agujas crean agujeros.
Estoy sentado en el andén y estoy viendo todos aquellos trenes que cogí algunas noches. Todos se han ido y ninguno mira hacia atrás. Nadie quiere recordarme... o quizás soy yo el que se ha marchado, pero es extraño porque sigo en el mismo sitio... no, son esos trenes los que no quieren mirar hacia atrás.
Ha llegado un nuevo tren, un tren raro para mi, porque está ahí desde hace mucho tiempo. Pero me ha dejado montar y me estoy acomodando en el vagón de pasajeros.
Ahora mismo no es el tren más rápido pero es el tren donde estoy y donde quiero estar.
Y este tren por lo pronto merece una despedida digna el día que llegué ese adiós que ninguno quiere que llegue.
Los demás trenes ni se despidieron.
Ahora solo oigo las marchas del tren y duermo soñando que la parada está lejos.
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