viernes, 19 de junio de 2009

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Hago esculturas con mis pensamientos. Hago estatuas de locura fundida con mis deseos de liberación.

Hay un límite para eso.

Mitad y mitad hablan dentro de mi y me hacen parecer inútil.

Por eso prefiero pasar el rato entre vidas amigas y bebidas malgastando mi ingenio y vomitando mi timidez. Sin ser el chico diez, vaya.

Y sin darme cuenta, son mis palabras las que encuentro en el papel y no las de mis otras dos personalidades. Mis espejos son de tinta.

Por eso no queda mucho más que decir. A veces solo hay que llamar a la puerta pero no hay huevos. A veces solo hay que quedarse callado y con los ojos cerrados para no tener problemas.

Un, dos, tres.

El amor para otro día.

Un, dos, tres.

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