Hago esculturas con mis pensamientos. Hago estatuas de locura fundida con mis deseos de liberación.
Hay un límite para eso.
Mitad y mitad hablan dentro de mi y me hacen parecer inútil.
Por eso prefiero pasar el rato entre vidas amigas y bebidas malgastando mi ingenio y vomitando mi timidez. Sin ser el chico diez, vaya.
Y sin darme cuenta, son mis palabras las que encuentro en el papel y no las de mis otras dos personalidades. Mis espejos son de tinta.
Por eso no queda mucho más que decir. A veces solo hay que llamar a la puerta pero no hay huevos. A veces solo hay que quedarse callado y con los ojos cerrados para no tener problemas.
Un, dos, tres.
El amor para otro día.
Un, dos, tres.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Inutilidades