¿Qué pasó? No podía saber que hoy me llamarían diciendo que tenía que darme de baja, al igual que no sabía que la fiesta del jueves podría haber durado para mi más de un par de días. Irónicamente, en esta historia real-ficticia (porque hay cosas que no atienden a la logica), me desperté sobre las 9:30 con la voz de Marta. No me suelen despertar encendiendo la luz, solo me llaman por mi nombre y esperan mi reacción, sin embargo las ansias hacen poco detallistas a las personas y directamente las hacen molestas.
Desayuno abundante, realizado una vez, salí a la calle y me encontré con la madre de Irene, que me reconoció enseguida. Hace tiempo que no recordaba a Irene, y el recién despertar y el esperar un paseo tranquilo y solitario hicieron que me olvidara de preguntar por ella. "Suerte y expande tus horizontes" con esa frase se despidió la madre de Irene.
Eso mismo me dijo Jose Bernardo el rechoncho cuando fui a comprar el pan, que me lo encontré en la esquina del megapress, fue una de esas mañanas en las que piensas que todo va a ir con tranquilidad pero no fue así, te pilla de improvisto y quedas fuera de línea, pero allí estaba, Jose Bernardo el rechoncho, tabaco en mano y gafas puestas, como preparando su discurso. Como todos, quiso saber si me iba o no me iba de la ciudad, pero con su tono peculiar, su apoyo verbal fue "que tu imperio se expanda con tu mente hacia el horizonte mas proximo". A veces creo que esa chupa de cuero y esa funda de guitarra no concuerdan mucho con su forma de hablar pero que te voy a decir yo, amigo Helio, en estos tiempo todo es tan raro que es algo normal.
Como siempre, todo quedó en un "A ver si quedamos" por su parte, hipócrita tal vez, tal vez inocente, tal vez fiestero, no lo se. Me despedí con un "gracias por preguntar" y marché al que había sido mi lugar de estudios durante una semana.
Entrado allí, me encontré con Miguel, amigo al que puse en un aprieto por motivos inesperados. Resulta que pedí un certificado de notas pero la vagueza de las personas hacen poco detallistas a las personas, como las ansias, también molestas. Por este motivo, dejé a Miguel solo esperando el desayuno acompañado, pero no pudo ser. Sacrifiqué un desayuno por un futuro mejor, creo que puedo soportarlo. Miguel tuvo que soportar un sábado con una copa menos. También lo soportó.
De camino al nuevo centro, me encontré con Isa, sí, esa Isa. El caso más raro que mi agenda pudo contar. Miro atrás y observo cuantos fallos pude cometer en una batalla en la que el triunfo habría sido más que glorioso. Una vez le pedí una cita, 16 o 17 años tendría yo (no muchos menos que ahora y por supuesto, no muchos más nervios que ahora en estas situaciones) con ayuda de 11 tubos de vino, y sorprendido yo, la respuesta afirmativa fue. Pero ella era una chica ocupada, y yo más bien vago, así que el tiempo la dejó caer en brazos de otro. Algo que nisiquiera me molestó, pues era evidente.
El caso es que ella se acercó a mi para hablar, muy animada y muy contenta de verme. No la entiendo, a veces es muy seca y a veces muy animada, hablando incluso de llamadas. Supongo que, al igual que yo, los días nos visten con ánimos distintos. Aquél jueves fue más bien seca, pero bueno, supongo que ya no tiene importancia.
Una vez en mi nuevo centro, me dirían que empezara mañana. Angustiado quizás por el madrugar pero sin importarme, más bien supera la curiosidad por ver que gente podría haber sido mi compañera de curso. Finalizado el tránsito, me llamó el pelirrojo peligroso, con su amigo cercano a mi cultura. Estaban jugando al "Jammin" y yo, con ganas, acepté el juego.
No muy colocado llegué a casa con hambre, como es normal. A la espera de que Bea conteste. Sin más objetivos que la espera y la espera. Mañana ya veré como va el día.
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